W i n d m i l l s


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Round,
Like a circle in a spiral
Like a wheel within a wheel,
Never ending on beginning,
On an ever-spinning reel
Like a snowball down a mountain,
Or a carnival balloon
Like a carousel that’s turning
Running rings around the moon
Like a clock whose hands are sweeping
Past the minutes on its face
And the world is like an apple
Spinning silently in space
Like the circles that you find
In the windmills of your mind!

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P u n t o – Z e r o


Volvamos a lo tradicional, a valorar las culturas con sus exquisitos matices, al trabajo laborioso de los telares, tintes y de los bordados hechos a mano. Volvamos a nuestro “punto cero”, a ese estado de la creatividad en donde -a pesar de la globalización- nos sentimos más cómodos, porque es lo único que no ha cambiado. 

 

Placer en dosis pequeñas


  
El éxito de la industria masiva está marcada por un antes y un después. La gruesa línea que separa la compra moderna de la compra contemporánea, reside en un sólo click. Y es que a día de hoy un negocio con futuro no puede darse el lujo de no contar con una plataforma online para hacer llegar sus bienes a todo el mundo. 

No obstante, la compra online sigue teniendo sus inconvenientes por tratarse de una compra a ciegas. Una apuesta total en donde el consumidor cuenta con la fe (pero no la certeza) de que aquello que esta comprando es de buena calidad, o que va a cumplir los efectos prometidos. 

En esta tentativa de hacer que el producto que se recibe sea fiel a nuestras exigencias, aparece el arte de las cajitas de prueba: guapabox, bisubox, nonabox, birchbox, y un sinfín de otras boxes que una vez suscritos, prometen saciarnos mes a mes de las últimas novedades. 

  
A día de hoy podemos encontrar boxes absolutamente para todos los gustos y tópicos que nos podamos imaginar,ya sea para los fanáticos de la televisión y de los cómics que quieren recibir los primeros capítulos 

Pasión Blythe: la nueva red social


Coquetas, delicadas, caprichosas y siempre a la última… Hace ya más de tres décadas desde la aparición de las muñecas Blythe en el mercado, pero ha sido en estos últimos años que se han convertido en un objeto fetiche y mascota para tantas personas a las que la belleza las cautiva en pequeñas dosis.

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Nos encontramos con personas apasionadas por la moda, que convierten a su pequeña Blythe en el maniquí perfecto para dar a conocer sus diseños. Sin importar si son punks, románticos, rockeros o hipsters: todos los estilos y tribus urbanas cubren estos pequeños cuerpos -de apenas 25 centímetros con los que podemos jugar y transformar a nuestro antojo a través de diminutas tuercas con las que podemos cambiarles el pelo, los ojos, las fosas nasales, implantarles pestañas postizas,etc. Y es que el fanatismo por estas muñecas surgió precisamente de la necesidad de crear un objeto único y personalizado con el que poder jugar y cambiar a nuestro antojo.

Somos una sociedad que necesita constantemente probarse (o probar ser) diferentes, sentir que aquello que tenemos nos va a hacer únicos porque nadie más lo posee. Las industrias pequeñas se frotan las manos cada vez que lanzan al mercado un objeto “personalizable” aunque sea algo tan sencillo como bordar nuestras iniciales. Porque esto implica a miles de personas que se sentirán satisfechos de poder elegir el color de los hilos y el número de letras.

imageHay quienes prefieren utilizar a su Blythe como un escaparate de sentimientos, casi como un diario de vida, haciendola posar en diversas situaciones que ellos han vivido o que les gustaría vivir: Un cumpleaños muy celebrado, un viaje a países lejanos, una profesional que se mantiene perfecta las 24 horas del día sobre sus altísimos tacones de aguja o una adolescente rebelde que se tiñe el pelo de rosa para no pasar desapercibida. Si se mira con perspectiva, el fenómeno de las Blythe es igual que el de las redes sociales en el que todo el mundo se muestra como quiere que otros les vean.